Por Camilo Rodríguez

 

Marco Chacón y Maribel Guardia en Estación Atocha

Marco Chacón y Maribel Guardia en Estación Atocha

Hace unos años, mientras esperaba mi turno en la animación de la Teletón, en uno de los corredores internos del Palacio de los Deportes, me encontré con una mujer luminosa. Venía caminando en dirección a mí, en medio de un pasillo a oscuras, y parecía que iba inventando la luz con cada paso. Vestía un saco emplumado, azul, y sus piernas estaban desnudas, dos tucas bañadas en oro, simétricas y perfectas, como doradas por un sol que sólo brilla para ella. Hasta Dios tuvo que ver conmigo esas piernas. No pude hacer otra cosa que dar pasitos hacia atrás, asombrado ante esa inusual belleza, hasta que pasó a mi lado. Era una aparición. Lo más parecido a una sirena. A una hada. A una amazona. Su rostro, radiante, de cutis intacto, era como me imagino el rostro de María, la madre de Jesús. Era Maribel Guardia. Nunca había visto a alguien así y si tuviera que describirla con una palabra, esa palabra es “iluminada”. Si me dejan usar un segundo adjetivo, ese sería “luminosa”. Después la he visto en otra Teletón y en un par de ocasiones en el Festival de la Luz, que cada año está mejor, y este año fue esplendoroso. Da gusto ver cómo la quiere la gente. La gente le aplaude y agita sus manos con rapidez, con alegría. Un día de estos tuve la dicha de almorzar con ella, en compañía del gran imitador y periodista Norval Calvo, gracias a una invitación de los periodistas Rogelio Benavides y Lilliana Mora. El otro invitado de honor fue el ex ministro Rodrigo Arias. Maribel llegó guapísima, con un pantalón negro y unas botas altas. Es increíble lo hermosa, lo bella, lo bonita que es esta mujer cincuentona, sin un miligramo de grasa de más en su cuerpo, y todo lo que me imagino que distingue a las princesas. Es, ante todo, cálida y sencilla. Doña Lilliana y otra gran periodista, Yuri

Marco Chacón, Maribel Guardia, Rogelio Benavides, Camilo Rodríguez, Rodrigo Arias y Norval Calvo en Estación Atocha.

Marco Chacón, Maribel Guardia, Rogelio Benavides, Camilo Rodríguez, Rodrigo Arias y Norval Calvo en Estación Atocha.

Jiménez, fueron una vez a cenar con ella en el DF, y se quedaron sorprendidas de lo mucho que la quiere el pueblo mexicano. Llegó al almuerzo con nosotros, en Estación Atocha (restaurante que ella piropeó mucho) junto a su esposo, Marco Chacón. Parecían dos muchachotes. Maribel y Marco le preguntaron a don Rodrigo sobre la situación del país y escucharon sus claras explicaciones con atención y agrado. Don Rogelio llamó a Yuri, quien habló con Maribel y con don Rodrigo, y creyó haber hablado con don Oscar Arias, aunque era el genio de Norval, quien también imitó a Rafael Ángel Calderón, Miguel Ángel Rodríguez y Yashín Quesada. Maribel y su esposo se pusieron a las órdenes de don Rodrigo, y compartieron con nosotros detalles del lanzamiento al estrellato de Julián, el hijo de Maribel y Joan Sebastián. A Julián, Marco lo quiere como si fuera su hijo, según lo dijo y como bien se le notó cuando compartió una grabación del muchacho. Es sorprendente ver cómo una muchacha que salió de Costa Rica hace más de treinta años, siendo la Miss Costa Rica de 1978, sigue como una muchacha, una perenne muñeca, una escultura impresionante, y una mujer humilde, a pesar de que es una celebridad en México y en América Latina desde hace mucho rato. Me encantó ver lo que le ayuda su esposo, doctor en Derecho y experto en propiedad intelectual. Su relación ya tiene catorce años, llevar ocho de vivir juntos y hace unos meses se casaron en el aire, en un helicóptero, sobre el Gran Cañón. De nuevo en tierra, un indígena nativo de esa región mágica, les hizo un ritual de prosperidad y amor. Cuando nos contó, pensé que no es la primera vez que recibe una pócima, o un abrazo sagrado, porque algo hay en ella, no sé qué, pero es algo extraordinario, sobrenatural, sublime, que se respira en la belleza de esta costarricense que quedó huérfana a los nueve años de edad y fue criada por su hermana, Mima, quien llegó después, más fresca que una lechuga, dulce y afable, mostró su gran amor por su hermana-hija y aprovechó para darle su apoyo a don Rodrigo Arias. “Maribel y yo siempre hemos sido liberacionistas”, le dijo. Fue un rato especial. Norval y Marco hablaron montones de humoristas e imitadores mexicanos. Yo aproveché para apuntar detalles de Maribel y don Rodrigo demostró que es cercano y sereno, cortés y amistoso. Como me mandó a decir don Rogelio en un mensaje de texto, “Maribel estuvo como siempre, ella es muy grande”.

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